domingo, 14 de octubre de 2018

Más allá de lo que vemos

Lectura bíblica: 1 Samuel 17: 31-37.

En el 2015, mi hijo George David participó de un proyecto del Centro Ambiental Santa Ana en Bayamón, sobre proveer experiencias a los estudiantes de conocer y disfrutar los bosques de Puerto Rico. Visitaron el bosque en el parque Julio E. Monagas de Bayamón durante el día y durante la noche. También fueron al parque nacional “El Yunque”. Aprendieron a tomar fotografías, conocer los animales nocturnos, conectarse con la naturaleza; en fin, una experiencia única. En noviembre de ese año, hubo una actividad de reconocimiento por su participación en el Jardín Botánico de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y para allá fuimos nosotros…

Nos estacionamos y cuando bajamos, el lugar era hermoso. Había muchos árboles y los chicos comenzaron a correr por todo aquello. ¡Qué mucha energía! De pronto, veo a un hombre mayor, caminando con su andador. Los chicos pasaron por el lado de él corriendo, me preocupé por la seguridad del hombre. Lo vi tan frágil y a mis hijos con tanta fuerza. Sin embargo, el hombre caminaba con seguridad y firmeza. Pensé que era uno de los abuelos de los chicos que participaron del proyecto.

Una vez en la actividad, descubro que el hombre mayor en el andador era nada más y nada menos
que el pensador de ese y de muchísimos otros proyectos que se desarrollaron en Puerto Rico desde la década de los ‘40 para preservar y dar a conocer a la niñez las bellezas de la naturaleza de Puerto Rico. Su nombre es el Señor Frank Wadsworth.

Múltiples emociones sentí cuando me di cuenta quien era. Aquel hombre que parecía tan frágil, era uno de los grandes preservadores de los ecosistemas de Puerto Rico. Desde muy joven llegó a Puerto Rico y ayudó a reforestar la Isla, impartir conocimiento científico sobre los recursos naturales de PR y a desarrollar la investigación. Con casi 100 años (los cumplía en esos días) seguía trabajando y el Jardín Botánico de Río Piedras era su casa.

Esta experiencia me hizo pensar que las apariencias engañan. A veces juzgamos una persona por su físico, edad o personalidad. “Es muy callado”, o, por el contrario, “es muy escandaloso”. Si bien es cierto que las expresiones corporales y verbales dicen mucho de una persona, no es menos cierto, que muchas veces erramos en llegar a conclusiones sobre una persona por sólo conocerla la primera vez. Cuando David se ofreció para pelear contra el gigante Goliat, Saúl le dijo que no podía ir contra él porque era muy joven y al parecer, inexperto (1 Samuel 17:33). Saúl desconocía la experiencia que tenía David al defender sus ovejas (v.34-35). David le menciona al rey que su fuerza mayor está en Dios (v.37). La historia nos cuenta como un joven confió en Dios y venció a un gigante. David fue más allá de lo que los ojos veían.

Con esta reflexión deseo honrar la figura de Don Frank Wadsworth, pionero en la conservación ambiental de Puerto Rico y que muchos desconocíamos. También quiero comenzar a reflexionar sobre este asunto de juzgar por las apariencias que quisiera ampliar en la próxima ocasión.

Si quieres conocer más sobre la vida del Sr. Frank Wadsworth, acceda:  https://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/drfrankwadsworth-columna-2123981/

También escúchalo hablar en: https://www.youtube.com/watch?v=RR8geFyoB5k

miércoles, 26 de septiembre de 2018

“Sembré un árbol…”

                                                                             Lectura bíblica: Gálatas 6:1-10

En los pasados días fue la celebración de los Emmy’s Awards y el actor Henry Winkler ganó por primera vez un premio por su desempeño en la serie Barry de HBO. Su historia resaltó bastante porque además de ser un veterano y querido actor, lo primero que dijo es que utilizaría el “speech” que había preparado en 1976 cuando también fue nominado a un premio por la serie Happy Days. Aunque era una broma, su premio resaltó por su emoción y la trayectoria de trabajos que ha realizado. Fue uno de los grandes momentos de la noche.

Lo que me gustaría resaltar de este actor, fue una entrevista que le hizo ET antes de la entrega de premios. El reportero Kevin Frazier, le preguntó: “Después de mirar todos estos años desde Happy days y todo lo demás trabajos, y permanecer exitoso en Hollywwood, ¿Qué significa esto para ti?” Henry Winkler contestó: “Era mi sueño... cuando llegué a Hollywood en 1973, en mi mente, sembré un árbol y yo era su guarda bosque… y yo quería que ese árbol creciera alto y yo pudiera regarlo con agua y aquí estoy…” Su respuesta me impactó. Admiré la forma en que comparó de forma tan gráfica su trabajo con el crecimiento de un árbol. Admiré lo satisfecho que se sentía con todas las producciones en la que había trabajado por 45 años. Apenas comenzando su carrera, fue nominado para un premio muy importante y aunque no ganó, se sintió honrado con la nominación y continuó trabajando con calidad. Luego dijo sobre la nominación… “haya ganado, haya perdido…el miércoles comenzamos el ‘show’ otra vez…”

Me encantó su analogía. Sus palabras fluyeron con tanta candidez que se observaba su cara de satisfacción. Él ha trabajado por 45 años y ha recogido su fruto, tanto en reconocimiento como en valorización por su desempeño. Luego de escuchar la entrevista, me hice varias preguntas a mí misma: “¿qué estoy sembrando en mi trabajo? ¿Qué estoy sembrando en mi familia? ¿Qué estoy sembrando en el Reino de Dios?” Estas preguntas me hicieron reflexionar sobre hacia donde debo dirigir mis esfuerzos si quiero ver un buen fruto al final del camino. Otro aspecto que reflexioné fue: ¿Cómo reacciono ante los aparentes fracasos? ¿Sigo adelante “porque el show tiene que continuar”; o me siento en el camino a lamentarme? El ejemplo de Henry Winkler me confronta con la pregunta de cuál es mi actitud frente a la vida.

A mediados del siglo 1 d.C., el apóstol Pablo sembró por todo el imperio romano, el árbol de la enseñanza de la nueva fe en Jesucristo. Sus cartas inspiraron y amonestaron a cientos de personas que comenzaban en la nueva fe y a otros que luchaban con sus viejas creencias. En la lectura de Gálatas 6, Pablo exhorta a sembrar en el Espíritu que no es otra cosa que los valores mencionados en el capítulo 5, verso 22: amor, gozo, paz, paciencia…luego en el 6:10 dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” En nuestra familia, iglesia, trabajo, en nuestra propia vida; sembremos los valores del Reino de Dios.

Una vez escuché la predicación de una compañera pastora que decía: “La siembra inevitablemente trae una cosecha. Escojer sembrar para el Espíritu es una decisión de cada día.” Es cierto. Si nosotros identificamos algo que no anda bien o algo que queramos lograr, hagamos un plan. Por ejemplo, si queremos tener un huerto de plantas con frutos; sembramos semillas, echamos la cantidad de agua necesaria, le ponemos la luz adecuada y las cuidamos. De la misma manera, si queremos tener éxito en el trabajo, hacemos un plan para lograrlo. Si queremos que nuestros hijos sean personas de bien, los guiamos con los valores y las enseñanzas de respeto a sí mismos y a los demás. Si queremos expandir la palabra de Dios, ponemos a disposición nuestros talentos para servir a Dios.
Proverbios 12:11a dice: “El que labra su tierra, se saciará de pan…” esto es causa y efecto. Si queremos ver unos resultados, tenemos que esforzarnos en sembrar esa semilla.

Siembra semillas de esperanza, siembra un árbol que de sombra y buen fruto, siembra flores que
embellezcan tu camino y el de otros.

Para ver la entrevista a Henry Winkler en inglés, puedes ir a 
https://www.etonline.com/media/videos/emmys-2018-henry-winkler-on-being-nominated-45-years-after-starting-his-career

lunes, 10 de septiembre de 2018

Dispuesto y dispuesta a cambiar, parte 2: una decisión que va seguido de la voluntad


Lectura: 1 Corintios 9:24-27

Hace años atrás (2001 y aún antes de eso), yo estaba realmente obesa. Por ser una maestra y líder en la iglesia muy activa, el exceso de peso me hizo daño desarrollando escoliosis en mi columna y discos herniados en la espalda baja. Mi quiropráctica (excelente, por cierto) Glorimar Serrano, me confrontó con la necesidad de bajar de peso o sería necesario operarme de la columna vertebral. Con la ayuda de Dios, la nutricionista, ejercicios y Glorimar (cada vez que visitaba su oficina, ella me retaba y me preguntaba cuántos chocolates había comido ese día ) logré bajar 100 libras en un periodo aproximado de dos años. Realmente fue muy beneficioso en todas las áreas de mi vida; mi problema de la espalda estaba controlado.

Poco antes de irme de Puerto Rico, en el 2016, comencé a aumentar de peso. En realidad, llevaba tiempo comiendo lo que no debía y no hacía ejercicios con la frecuencia que necesitaba. Le cuento mi aflicción a Glorimar, mi mentora en este asunto de cuidar la salud y bajar de peso. Tranquilamente, ella me respondió: “No te preocupes, tú sabes lo que tienes que hacer.” Yo no hice nada más que reírme y aceptar que sí sabía lo que tenía que hacer. Ella también sabía, porque me había acompañado en el camino anterior.

La lucha con perder peso continúa. Voy con frecuencia al gimnasio, pero no veo los resultados que
deseo. Mi esposo George, que es un experto en hacer ejercicios, me acompañó un día y me dio su diagnóstico: estás haciendo el mínimo esfuerzo, tienes que pasar dolor, tienes que esforzarte.

Estas experiencias, el diálogo con Glorimar y la lección impresionista con George en el gimnasio, me hicieron reflexionar que yo sé lo que debo hacer para cambiar mi estatus actual. Que cuando estoy dispuesta a cambiar algo, es necesario ejercer la voluntad para hacerlo y no quedarme en la zona de “comfort”. ¿Cuántos de nosotros no estamos conscientes de lo que necesitamos cambiar y sabemos lo que hay que hacer, pero no lo hacemos? Sabemos lo que hay que hacer, pero nos cuesta comenzar a hacerlo.

Cuando Pablo le habla a la iglesia de Corintios en el capítulo 9, pone como ejemplo el esfuerzo y sacrificio que hacen los deportistas con la manera que los cristianos deben entregarse por el evangelio. Los deportistas se abstienen de cosas y hacen ejercicios para ganar una competencia. El cristiano corre la vida cristiana no al azar, ni dando palos a ciegas (v.26), sino esforzándose, estar consciente de lo que debe dejar para ganar una corona incorruptible (v.25).

Yo he caminado desde muy joven la carrera del cristiano. He comprendido que sí Jesús nos da la salvación y nos quita un gran peso de encima; pero la transformación se da en el caminar diario. Unos días mejores que otros, pero con la certeza que Dios nos acompaña. También, así como yo encontré a Glorimar y a George que me han ayudado en la tarea de bajar de peso; así mismo Dios pone en nuestro camino, personas que son de apoyo e inspiración para continuar la vida cristiana.

Estar dispuesto a cambiar implica que aceptamos que necesitamos un cambio y muchas veces debemos vencer nuestro orgullo y nuestros temores. A veces será fácil cambiar algunos aspectos de nuestra vida, pero en otros momentos tendremos que ejercer la voluntad y esforzarnos más. Sin embargo, qué maravilloso es saber que el Espíritu Santo intercede por nosotros: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” Romanos 8:26.

Les invito a cada día examinar nuestra vida e identificar aquello que debemos cambiar; pero sabiendo que no estamos solos, personas en el camino nos apoyan y el Espíritu Santo nos ayuda.

jueves, 30 de agosto de 2018

Dispuesto y dispuesta a cambiar - parte I


Lectura: 2 Corintios 5:14-20

Mi esposo George y yo nos conocimos mientras estudiábamos nuestras respectivas maestrías en el Seminario Evangélico de Puerto Rico en Río Piedras. Por varios años, tomamos varias clases juntos, pero no fue como hasta el último año de George en el SEPR, que comenzamos a compartir más. Él era muy gracioso y a la vez realista. Cuando compartió conmigo su historia, quedé impresionada. Además de su cambio en Cristo, lo más que me impactó fue que, aunque fue un desertor escolar, ¡¡estaba estudiando conmigo una maestría!! ¿Cómo fue posible que una persona que se quitó de la escuela porque creyó que no era lo suficientemente bueno para completarla, comprendió más adelante que sí era suficiente? Tan es así que, al momento de yo escribir esta reflexión, George trabaja en los ensayos y disertación doctoral. Cuando hablas con él notas su sabiduría, inteligencia y a la vez su experiencia de la calle. Con cualquier joven que habla, una de sus preguntas de rigor es: ¿Qué estas estudiando? ¿Qué te interesa estudiar cuando vayas a la universidad?

Recuerdo una vez que conocimos la hija de una vecina que estaba en la escuela intermedia. Parecía no llamarle mucho la atención estudiar en la universidad. Con frecuencia hablábamos con ella y George la motivaba y aconsejaba a que estudiara aquello que le interesara. Años después me encontré con su madre y me contó que comenzaría a estudiar en la universidad. Eso me llenó de alegría. Cuando en Puerto Rico George daba clases en la universidad, constantemente animaba a sus estudiantes a completar sus cursos y a continuar estudiando aun luego del bachillerato. Con frecuencia vemos mensajes en Facebook de sus ex estudiantes agradeciendo a George por sus consejos y orientación.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17. Cuando leo este texto pienso en el cambio que Dios puede hacer en una persona. Pienso en el cambio que Dios hizo en George. Además de darnos la salvación, también nos da la comprensión de que el pasado no tiene el poder de perseguirnos ni detenernos. Podemos lograr lo que nos propongamos, aunque parezca fuera de nuestro alcance. No importa lo que hayas vivido en el pasado. No importa cuán fracasado te hayas sentido. No importa cuántos errores hayamos cometido. Dios lo hace todo nuevo. Dios nos acompaña en nuestro proceso de cambio.

Siempre le dije a George que su historia debía ser contada y gracias a Dios y a su esfuerzo, logró publicarla. Hace poco completé su lectura y verdaderamente (y no es porque sea mi esposo) es una historia inspiradora. Una historia que brinda esperanza independientemente de lo que hayas vivido o lo que estés viviendo. Puedes conseguir el libro en internet a través de xulonpress.com/bookstore, amazon.com o barnes&nobles.com.

Estar dispuesto y dispuesta es una actitud esencial para el cambio, para mejorar. La Biblia tiene muchos pasajes donde explica y aconseja sobre el tener disposición para diferentes cosas. Pronto compartiré otra reflexión relacionada a este punto.

martes, 21 de agosto de 2018

Lo que nos sostiene


Lectura: Hebreos 11:1-2,6,8-9
Cuando Débora, la hija de mi esposo, me envió esta foto, quedé sin aliento. “¿De dónde se está sosteniendo ella? ¿A qué altura se encuentra?” me pregunté. Cuando uno ve la foto, de pronto, da la impresión que está literalmente en el aire, a bastantes metros de altura y sin nada que la sostenga. Luego, cuando vi otras fotos que me envió, comprendí.

Casi inmediatamente reflexioné sobre estas fotos. No sé cuantos de los que leen esta reflexión, se han sentido con tanta incertidumbre en su vida que se sienten prácticamente en el aire, sin tener de donde sostenerse. Tal vez puede ser casi como tirarse de un avión, sin tener la experiencia de como abrir un paracaídas.

Génesis 12 relata el momento en que Dios llama a Abraham. Cuando Dios le dijo a Abraham que saliera de su tierra “a la tierra que le mostraría” debió ser un impacto para él. Aunque en esa época era costumbre emigrar de un lugar a otro, desde hace mucho tiempo las civilizaciones ya estaban formadas y asentadas. Abraham vivía en lo que llamaban “la creciente fértil”, un lugar privilegiado geográficamente hablando. Así que era un gran sacrificio moverse a otro lugar que ni siquiera conocía. Otro detalle es que él recibió la promesa de una descendencia sabiendo que no tenía hijos. A pesar de todo, Abraham se movió y creyó en ese Dios que lo llamó. Eso es fe.

Lucas 8 nos cuenta como muchas mujeres acompañaron a Jesús en su ministerio y lo sostenían económicamente. Esas mujeres fueron transformadas por las enseñanzas de Jesús, pero creyeron lo suficiente para acompañar a Jesús camino a la cruz y algunas de ellas fueron testigos de su resurrección. Otras, fueron parte de la revolución en el aposento alto. Eso es fe.

Hechos 9 explica como un hombre muy religioso y perseguidor de la iglesia cristiana, Pablo, creyó en Jesús. Las enseñanzas del cristianismo iban en contra de casi todo lo que Pablo había aprendido de la religión judía. Con todo y eso, escribió gran parte de las cartas a las iglesias que se convirtieron luego en el Nuevo Testamento. Eso es fe.

Estos son ejemplos de personas como tú y como yo que, con sus fortalezas y debilidades, creyeron. Hebreos 11:6 nos dice que “sin fe es imposible agradar a Dios”. Porque cuando hay fe, crece nuestra confianza en Dios. Podemos creer que el mar Rojo se abrirá. Podemos creer en Dios que nos da la sabiduría para tomar buenas decisiones.

Porque cuando nos alejamos un poco de la situación que nos agobia o nos reta, podemos ver el cuadro completo. Nos damos cuenta que Dios nos está acompañando todo el tiempo. Poniendo tierra firme y asegurándonos con cuerdas de amor.

jueves, 9 de agosto de 2018

¡Levántate!


Lectura: Isaías 52: 1-2, 7-9
Despierta…sacúdete del polvo… levántate y sigue adelante.
Este llamado a realizar las acciones anteriores (v.1-2) implican un verdadero reto para los que están tomando decisiones, tratando de comenzar nuevas empresas o para los que buscan dirección. Es un reto para aquellos que están cansados de los conflictos que tienen o de las situaciones difíciles que están viviendo. En el mundo están pasando muchas cosas, hay crisis; y, por otro lado, hay demasiada información que muchas veces nos abruma.

Si nos detenemos por un momento, en el ajoro de cada día, quizás nos demos cuenta que estamos adormecidos, que hemos perdido un poco la ruta del camino. Un día estábamos en Ponce, una ciudad en el sur de Puerto Rico. Era de noche y no sabíamos como regresar a San Juan. El GPS indicaba una salida que perdí y el GPS indicaba “rerouting”. Me dio una nueva ruta y en menos de 10 minutos estábamos en el expreso camino a San Juan. Mi amiga Sheila me dijo: “Muchas veces Dios hace con nosotros como el GPS, tiene que redirigirnos a una nueva ruta porque perdimos la salida que nos tocaba tomar”. Luego de ese comentario estuvimos todo el camino conversando sobre nuestros aciertos y desaciertos; como Dios ha tenido que “redirigir” nuestro camino.

En mi vida, después de sentir que en mi camino perdí varias salidas, vi varias veces el letrero: “¡Levántate!” Una de las veces que “vi este letrero en letras muy grandes”, fue en una predicación del Rvdo. Moisés Román sobre Josué 7. Esa predicación me estremeció. Josué estaba indignado porque perdieron la batalla contra el pueblo de Hai. Se postró y cuestionó a Dios porque él había prometido estar con ellos en cada batalla. Pero postrarse, que parecía una acción de humillación ante Dios, era en realidad de orgullo. ¿Por qué perdimos la batalla? Luego descubrió el problema: Acán, uno de los del pueblo de Israel, había escondido oro y otras pertenencias que les había dicho en la pasada batalla que destruyeran. Esto puede ser una analogía de lo que está oculto en nuestro corazón. Malos hábitos, actitudes y decisiones equivocadas, pecados ocultos… independientemente como se llame nuestras fallas, Dios nos invita a levantarnos, reflexionar y orar sobre nuestra vida, nuestro interior, y luego sacudirnos de todo lo que no es beneficioso para nuestra vida. Qué fácil decirlo, ¿no? Sé que es difícil.

Despierta…sacúdete del polvo… levántate y sigue adelante.

Hebreos 12:1 nos dice que soltemos la carga que nos asedia y Romanos 12:1 nos invita a presentar nuestra vida ante el altar y entregarla a Dios. Él, que nos ama incondicionalmente, nos limpiará y ayudará en cada reto que encontremos. Quizás haya demasiadas tareas que has sentido que otros te han tirado encima. Quizás te pusiste una carga que no te tocaba cargar. Quizás estés muy estresada con lo complicada que está la vida. Quizás solo anhelas una oportunidad y no ves una. Ante todo, lo que estés viviendo, sacúdete… ve por encima de tus circunstancias y Levántate.

“¡Levántate!”, mira las historias y verás que Dios dijo estas palabras a Josué, Elías, Pablo, Gedeón, Ester y a otros. Todos ellos estaban en medio de una crisis, pero lo más maravilloso es que Dios los llamó. Quizás por un momento perdieron el camino, pero Dios los redirigió. Es como si dijera: “Levántate, deja atrás todo lo que te ata, olvida todo porque ya yo lo he hecho.” Todos tenían una misión para hacer. Sus acciones fueron de bendición para las próximas generaciones. Ellos se levantaron y a pesar de las dificultades, continuaron caminando. Hicieron como en Isaías 52:7, anunciaron buenas nuevas, anunciaron la paz y el bien. Que Dios nos ayude a levantarnos, a fortalecernos para entonces continuar el camino con gozo. Que nuestras palabras sean de ánimo para otros y que nuestros pies sean pisadas de paz.

jueves, 2 de agosto de 2018

Dejarlos caminar


Lectura: Salmos 119:33-37

Cuando tomé esta foto, me conmoví. George y Génesis miraban en distintas direcciones y a lo largo se extendían dos caminos. Sentí en ese momento que no eran míos, eran de Dios y de la vida. Ellos crecerán y tomarán sus propias decisiones y yo, ¿cómo responderé a esto?

Viene a mi mente nuevamente Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. En la reflexión que escribí recientemente, Influencia familiar, explicaba la gran responsabilidad que tenemos de educar espiritual y moralmente a los chicos y chicas que tenemos a nuestro cargo. Pero hoy quiero añadir el matiz de que cuando instruimos a nuestros hijos, sobrinos, nietos y estudiantes en el camino correcto, debemos tener la confianza en Dios de que él dirigirá sus pasos.

El mundo que enfrentamos hoy tiene muchos retos. No cabe duda que para ellos representa un reto mayor; pero saber que nuestros tesoros están en las manos de Dios, podemos descansar en su misericordia y cuidado. Me parece que debemos buscar ese balance entre instruirlos y permitir que crezcan. Yo trato de buscar ese balance todos los días y no es fácil. A veces quisiera que hicieran las cosas de la manera que uno quiere, pero he comprendido que son seres humanos con mente propia y es necesario escucharlos. Un artículo muy interesante que encontré, habla de cómo fomentar la confianza en los hijos: https://lamenteesmaravillosa.com/como-fomentar-la-confianza-en-los-adolescentes/

Cuando vivíamos en Puerto Rico, siempre buscábamos un nuevo parque para jugar, un nuevo lugar
para visitar. Cuando vivimos en NY, los chicos se maravillaban como en el espacio más urbano podíamos encontrar árboles, un parque, una plaza. Les encanta explorar nuevos lugares. Me parece que así mismo nosotros les proveemos a los pequeños que amamos nuevas experiencias y lo mejor de nosotros. La importancia de estudiar, respetar a los demás y la base de nuestra fe. A veces podemos sentir que no hay ningún progreso, pero lo que enseñamos está latente en ellos. Con el tiempo ellos crearán sus propias perspectivas y tomarán sus propias decisiones (que a veces puede que nos duela). Aunque en algún momento de la vida tomen diferentes direcciones, siempre estaremos allí para ellos. ¡No olvidemos siempre decírselo!  y, sobre todo, decirles que Dios los acompaña. Enseñémosle esta oración: "Oh Señor, enséñame tu camino, para que yo lo siga fielmente. Haz que mi corazón honre tu nombre." (Salmos 86:11, versión DHH)

Instrúyelo en el buen camino; Dios, nuestro consejo y la oración los acompañarán.