sábado, 20 de junio de 2020

NUESTRO PADRE CELESTIAL


Génesis quería que su papá le enseñara a jugar beisbol. Compraron la bola y el bate. Comenzaron a practicar. George tiraba la bola y Génesis trataba de pegarle. Nunca antes lo había hecho. Que ella fallara, yo lo vi como algo obvio porque ella nunca antes había jugado beisbol. Esa tarde yo estaba haciendo ejercicios, caminando alrededor del patio donde vivimos. Observé como George se paró al lado de ella y le enseñó cómo pararse, cómo moverse, cómo pegarle a la bola. Él fue su modelo. Se veía tan inspirador que comencé grabarlos. Luego de varias demostraciones, Génesis siguió lo que su padre le enseñó, y ¡voilá! ¡Le pegó a la bola! 

Esa escena me hizo pensar en las veces que Dios trata de enseñarnos a caminar en la vida. De una u otra forma nos invita a reflexionar en nuestra vida para ayudarnos a ser mejores personas. Si lees en la Biblia el libro de Proverbios y Eclesiastés, encontrarás útiles consejos de la vida diaria en sociedad. Si lees las cartas de Pablo, como por ejemplo 1ra y 2da de Corintios y Efesios, puedes ver sabios consejos para vivir en armonía con otros en Cristo Jesús.

También, Cuando cometemos errores, vemos como Dios nos quiere enseñar a través de esos errores que cometemos: “Porque el Señor disciplina a los que ama… Hebreos 12:6ª NVI. En el texto hebreo dice: “así como un padre corrige al hijo a quien ama...” Así como disciplinar a los hijos e hijas, es parte de la tarea de ser padre y lo hacemos porque los amamos, Dios nos corrige porque nos ama y quiere que seamos esa persona que él sueña que seamos.

De igual manera, nuestro Padre Celestial también nos conforta con palabras de ánimo cuando estamos desanimados o con miedo: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Isaías 41:10.

La figura de padre es muy importante para los niños y niñas. Mi esposo George relata en su libro, Willing to Change, que su padre tenía muy pocas destrezas de comunicación. Cuando George era pequeño, su padre trató a su manera de mostrar que le importaba, pero nada de eso hizo sirvió cuando los abandonó. Esa figura de padre, George trató de buscarla en muchos lugares, pero nadie pudo sustituirlo. Sólo Dios y su disposición pudieron restaurar su vida carente de padres efectivos. Puede ser que para alguno que esté leyendo esta reflexión, el padre terrenal estuvo ausente, pero Dios quiere ser ese padre que no tuviste. Dios quiere ser ese padre amoroso y compasivo que necesitas. Acércate a él, Dios no te rechaza.

Conoce la historia de George Marrero. Una vida marcada en su niñez, pero un ejemplo de transformación y superación. Willing to Change, tiene una segunda edición ampliada y con fotografías. Está disponible en inglés en Xulon Press. También está disponible en Barnes & Nobles y Amazon.

domingo, 12 de abril de 2020

Dios nos tiene en sus manos


En diciembre de 2016, Génesis me dijo que tenía miedo. Ella tenía cuatro años y estábamos atravesando muchos cambios. George llevaba cinco meses en New York. Su hermana mayor, Débora, estaba en Massachussets. También, nos habíamos despedido de la escuela de la que fuimos parte tantos años. Ese mismo día, le dimos nuestra perrita, Canela, al maestro de inglés de George David. Habíamos entregado el apartamento y estábamos viviendo en casa de mis padres porque en menos de dos meses, nos íbamos a Estados Unidos. Puedo entender entonces por qué tenía miedo. Yo le dije que no se preocupara, que Jesús nos acompañaba. George David le dijo: “Génesis, Dios nos tiene en sus manos.” Ella le dijo que no podía ser porque no cabíamos en sus manos. George David le explicó; que lo que él dijo era un símbolo que significa que Dios nos cuida. Yo quedé fascinada con esa expresión que hizo George David y le pregunté si podía hacer un dibujo. En ese tiempo, a él le gustaba mucho ‘Minecraft’, así que él hizo el dibujo que puse al principio de la reflexión.

Esta experiencia me hizo pensar en como un niño, "el hermano mayor" trataba de mostrarle a su hermana pequeña, una imagen del amor y el cuidado de Dios. Esto es una muestra de una fe sencilla. Esto también me hace recordar las palabras de Jesús en Lucas 18:16: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de quienes son como ellos.”  En estos momentos, la pandemia del Coronavirus que estamos atravesando, nos ha obligado a hacer una introspección personal sobre nuestra propia fe y posiblemente ha hecho que muchos  hagamos la petición que los discípulos hicieron a Jesús: “auméntanos la fe.” (Lucas 17:5)

Esta semana, leía el pasaje de Isaías 53. Este pasaje lo relacionan con el sufrimiento que tuvo Jesús por la humanidad. Son unas palabras estremecedoras:
3 Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto;
y como que escondimos de él el rostro,
fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades,
y sufrió nuestros dolores;
y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

The Leper, Ron DiCianni
De pronto, mientras esas palabras retumbaban en mis oídos, vino a mi mente las imágenes que he visto en la televisión, de todos los doctores, enfermeras y empleados de la salud ayudando a todos los pacientes que están enfermos por el Covid-19. Yo sentía que esa imagen de Cristo sufriendo, era como si lo estuviese haciendo por todas las personas que han sido afectadas por esta pandemia. Ese Jesús sufrido está en cada hospital acompañando a los que están enfermos o a los que están exhaustos de tanto trabajo. Ese Jesús fue castigado para que las personas que han perdido trabajos, negocios, familia; tengan paz. Jesús, el experimentado en quebranto, está en cada hogar donde hay depresión y ansiedad. Esa imagen me impactó, me estremeció y a la vez me dio esperanza de que Dios está presente en cada uno de estos escenarios. Él está en cada una de nuestras vidas. La imagen que hizo mi hijo, se hace más pertinente comprenderla hoy.  Gracias Señor; porque nos tienes en tus poderosas manos.

domingo, 29 de marzo de 2020

Mi fe crece en momentos inesperados

La semana pasada encontré este papel que Génesis me había dado el año pasado. Recuerdo que era el tema de una de las clases de los niños de la iglesia. Para mí fue interesante encontrar este papel en estos momentos que vivimos la crisis de una pandemia. Porque definitivamente cuando suceden eventos inesperados, se tambalea nuestros cimientos y nos hacemos la pregunta obligatoria sobre “de que estamos hechos.” “¿Confío en Dios o no confío en Dios?”

Esta pregunta me hace recordar una predicación que escuché una vez del pastor Moisés Román sobre Lucas 8:22-25. Recuerdo que estaba en su iglesia hace exactamente cinco años (29.marzo.2015) y de cuando en cuando leo las notas que escribí sobre este sermón. El relato trata cuando Jesús y sus discípulos estaban cruzando el lago conocido como mar de Galilea y de pronto se desató una fuerte tormenta. El bote comenzó a inundarse, los discípulos gritaban y Jesús dormía. La historia termina Jesús calmando la tempestad y preguntándole a los discípulos: “¿Dónde está la fe de ustedes?”

Quiero compartir parte de ese poderoso mensaje:
  • “La confianza en Dios no es para evitar la crisis, es para poder actuar correctamente en medio de la crisis.”
  •  “Los problemas son parte de la vida, no estamos exentos. Debemos aprender a manejarlos adecuadamente.”
  • “Los discípulos llevaban más de dos años con Jesús, estaban adiestrados. El primer curso fue el de confianza…” Hoy, nosotros no sólo tenemos su presencia, tenemos sus enseñanzas. Debemos utilizar lo que nos enseñó.”
  • “Dios hace el milagro con nuestra confianza o sin ella. Pero luego, ¿Qué queda? ¿Satisfacción porque confiamos en Dios o vergüenza porque no confiamos en él? La confianza en Dios tiene que quedar evidenciada.”

Estas palabras de sabiduría del pastor Moisés Román, han hecho una fuerte impresión en mí. La misma pregunta, ¿Dónde está tu fe? ha surgido en diferentes momentos en estos últimos cinco años: cuando nos mudábamos de Puerto Rico; cuando nos preguntábamos hacia donde movernos luego de vivir un año en NY. También cuando nos preguntábamos donde estudiarían nuestros hijos o cuando conseguiríamos nuestros trabajos en CT. Cada paso era un reto de confiar en Dios. Este momento no es diferente. Dios quiere nuestra confianza.

Oremos por los enfermos o por los que sufren una pérdida de un familiar o de su trabajo. Comuniquémonos con amigos, con la iglesia y seamos de aliento a otros. Ayudemos a nuestros hijos en sus tareas y enfrentemos los nuevos retos de trabajar con la tecnología desde nuestras casas con optimismo y confianza. Jesús calmará la tormenta.

A mi hija Génesis le gusta mucho hacer manualidades. En estos días ha hecho muchas pulseras y se las ha regalado a nuestra vecina y a sus nietos. Ayer me enseñó un collar que le hizo a la mamá de una amiga de la escuela. Ella me dijo: “Voy a tener que esperar hasta el año que viene para dárselo.” La miré y en realidad pensaba cuando regresaríamos a la escuela. Le dije: “bueno mama, quizás abran las escuelas en abr…mayo.” En realidad, no tenía ni la más mínima idea de cuánto tiempo estaríamos encerrados. Seguí diciendo: “No sé querida…pero vivimos un día a la vez.” Génesis subió las escaleras con el collar en la mano y yo pensaba en lo valiente que han sido los chicos en enfrentar esta pandemia con tanta conciencia.

 Definitivamente no sabemos cuando acabará todo, pero debemos seguir todas las recomendaciones que den los especialistas del CDC y las noticias. Recordemos que es un momento inesperado para hacer crecer nuestra fe.

  Mientras tanto, seamos agradecidos y confiemos en Dios. Jesús prometió en Juan 16:33: “Estas cosas os he hablado (capítulos 14 al 16 del libro de Juan) para que en mí tengas paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo.”

jueves, 13 de febrero de 2020

El amor nuestro de cada día


Lectura sugerida: 1 Juan 4:7-21

¿Qué hay más tierno que ver el abrazo entre dos pequeños? A veces por las tardes, mi sobrino pasaba por mi oficina con mi cuñado para saludarnos porque él estudiaba donde yo trabajaba. ¡Abrazaba a Génesis con tanta fuerza! Nos alegraba la tarde.  Ver estos dos pequeños abrazados, era como recibir un mensaje del amor de Dios.




Los años han pasado y ahora nos separa el océano Atlántico. Sin embargo,
las llamadas, los saludos por videos o las llamadas en vivo por WhatsApp, nos hace sentir un poco más cerca. Aunque no hablo todos los días con mami, siempre están los saludos por textos, caritas tirando besos y dando abrazos. Esos pequeños detalles, nos mantiene conectados.

En estos días he estado leyendo en la Biblia, la primera carta de Juan: “Amados, amémonos unos a otros porque el amor es de Dios… porque Dios es amor.” Cuando leía los versos, reflexionaba sobre cómo demostrar amor, porque cuando vives bajo el mismo techo con otros, la pregunta obligatoria es: “¿cómo demuestro el amor cada día?”

Una de las tareas más arduas que tengo, es ser madre. Desde de que mi hijo mayor, George David era pequeño, su padre lo abraza y lo besa todas las mañanas y le pregunta: “¿cómo estás? ¿cómo dormiste?” Esa acción diaria de mi esposo, me hizo reflexionar sobre la importancia de escuchar a los hijos y de demostrar el amor cada día.

Me falta mucho por aprender, y mucho más poner en práctica el amor. Sin embargo, estoy más consciente de que mis palabras y acciones pueden ser de beneficio o de conflicto para con los que están a mi alrededor.

Por eso titulé esta reflexión el amor nuestro de cada día. Porque demostrar el amor no es solamente una vez al año con chocolates, postales y flores; que by the way, son un hermoso detalle. Además de eso, podemos demostrar el amor cada día:
- Con un abrazo de buenas noches y buenos días
- Con un hola, ¿cómo estás?
- Con preparar una sabrosa comida
- Escuchar a alguien
- Tener a tiempo ropa limpia
- Con un saludo a nuestro vecino
- Cuidar a los nietos, para que la joven pareja salga de vez en cuando
- Compartir una palabra positiva o un texto bíblico con nuestro compañero de trabajo
- Compartir con tu hijo, hija o sobrinos un programa de TV o You Tube que les guste a ellos
- Ir al parque a caminar con alguien
- Echar agua a las plantas
      - Sacar tiempo para llamar o escribir a un amigo. 

Las posibilidades son innumerables; ¿cómo vas a demostrar el amor hoy? #amor2020

lunes, 30 de diciembre de 2019

Pasando por el otoño y el invierno


Lectura sugerida: Gálatas 5:16-23

Amo los colores del otoño. Es maravilloso ver la mezcla de tonos de anaranjados, amarillos, rojos y marrones. Un día salí del trabajo y fui al parque a contemplar la naturaleza. Era yo sola, sacando tiempo para mí y Dios en medio del ajoro diario.

Recuerdo a una persona que me dijo una vez, que le gustaba mucho el otoño porque era el momento de “bajar revoluciones”, de dejar atrás la excitación y mucha actividad del verano. Era el momento de sentarse a reflexionar en la vida que hemos tenido hasta el momento.  Eso hice yo, fui a contemplar la naturaleza y a reflexionar.

Observé la ciudad a la distancia, las hojas en el piso, el cielo nublado y las aves que parecían estar
emigrando. Sin embargo, me detuve en la imagen de un árbol que estaba frente a mí. Estaba totalmente sin hojas. De pronto sentí que yo debería hacer como ese árbol, dejar ir las hojas. “¿Qué significa?”, pensé. “¿Significa que tengo que morir como aparentemente ese árbol y luego nacer otra vez?” Esta es una pregunta parecida a la que le hizo Nicodemo a Jesús (encuentras esta historia en Juan 3:1-16). “Eso ya lo hice una vez, cuando acepté a Cristo en mi vida”, me dije a mí misma. Pero no se trataba de eso, se trataba que de ese árbol estaba vivo, agarrada sus raíces a la tierra, pero dejó ir lo viejo; las hojas secas, para así poder crecer algo nuevo. Ese árbol estaba preparado para soportar el invierno y florecer en la primavera.

Me di cuenta que dejar ir las hojas, significa aquellas cosas que no nos ayudan a crecer como personas y como cristianas y cristianos. Las hojas pueden llamarse miedo, desconfianza, malos hábitos, ansiedad, amargura, depresión, orgullo, adicción, viejo sistema de creencias, infidelidad… y la lista puede seguir… Yo le puse nombre a mis hojas, ¿cómo se llaman las tuyas? Detente un momento y piensa cuales son esas hojas que debes dejar ir de tu vida.

Luego del otoño viene el invierno. El invierno puede ser muy frío y oscuro, pero los árboles no mueren; resisten y se fortalecen para florecer en la primavera.
Pronto se acerca un nuevo año, una nueva oportunidad para dejar ir muchas malas experiencias y acciones destructivas y comenzar nuevamente en cero, con un plan para cumplir nuestras metas. Que Dios nos ayude a identificar esas cosas que debemos dejar ir, las hojas secas que no nos ayudan a crecer y a madurar. Verás  cómo reverdecerás y florecerás.

 Cristo es nuestro sol que nos alumbra en cada estación del año y nos ayuda a seguir adelante con fe.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Al frente hay uno que nos guía


Era una tarde lluviosa para hacer ‘hiking’ en “Sleeping Giant State Park”. Pero como quiera fuimos. El sol había salido, así que no queríamos perdernos la oportunidad de caminar. La caminata de ese día, había sido la más difícil que habíamos encontrado hasta el momento. Había en el sendero muchas rocas, raíces y para hacerlo más difícil, estaba mojado. Mi esposo George tuvo que ayudar a Génesis, de siete años de edad, a pasar gran parte de la caminata. “Este es muy difícil”, escuché a Génesis decir.
En diferentes momentos del trayecto, Génesis iba muy cerca de su papá, pero en otros momentos se iba al frente; saltando, queriendo adelantarse como otras veces había hecho en otras caminatas.  En esos momentos George le decía: “espera, yo voy al frente, yo dirijo.” En otros momentos le dijo: “Toma mi mano… pisa donde yo pisé…mira bien.”
Ver a Génesis haciendo esfuerzos por hacer la caminata y ver el cuidado de George en las áreas sobre todo peligrosas, me recordó la relación de Dios con nosotros cuando estamos en nuestro diario caminar.
Hay partes del camino que son realmente fáciles. Disfrutamos la brisa, las flores y el camino derecho.
Hay otras partes que, aunque son escalonadas, ya las conocemos. Tenemos la experiencia y aunque pasamos trabajo, nos sentimos bien por nuestro gran esfuerzo.

Sin embargo, hay caminos rocosos y con grandes raíces que nos dificultan el caminar. Para colmo la maleza es espesa, el camino se ha puesto oscuro y nos aterra al caminar. En momentos como esos, debemos recordar lo que dice Isaías 30:21:
Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda.” (VRV) ¡Qué palabra tan alentadora! Escucha esta otra también en Isaías, capítulo 45, verso 2: “Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos;” Ambos textos no nos dicen: “quédate sentado en lo que te resuelvo…” ¡No!, nos dice camina; camina y en el camino enderezaré lo torcido. Llega hasta la puerta y yo la quebrantaré. ¡Qué palabras tan poderosas!
¿Sabías que ambos textos Dios se los dio al pueblo de Judá en medio de la invasión de los asirios y luego su inevitable cautiverio a Babilonia? Fue un momento de gran crisis, pero en medio de ella, Dios mostró su gran fidelidad. No sé en que parte del camino te encuentras, pero cual quiera que sea, Dios está en medio de ti. Te da hermosas promesas y palabras de aliento para seguir caminando. Jeremías 29:11 dice: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” (VDHH)

Sea que te hayas detenido en el camino para tomar un respiro, porque estás extenuada o necesitas
“amarrarte los zapatos”; no tengas miedo o camina aunque tengas miedo, al frente hay uno que nos guía. ¡Gracias Dios por tu compañía!

lunes, 26 de agosto de 2019

Sigamos la carrera


“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” Hebreos 12:1 – 2a

Este texto del libro de Hebreos ha sido significativo para mí en diferentes momentos de mi vida. Muchas veces, Dios me ha invitado a deshacerme del peso que no me deja correr la carrera. Pero hace poco, pude vivir en carne propia lo que significa caminar con tantos bultos que indudablemente me enseñó a querer andar liviana. Hace poco viajamos a Puerto Rico y en casa de mis padres, teníamos parte de nuestra mudanza. Intenté llevarme lo más posible y esto causó el viaje de regreso casi imposible… Imagíname caminando a través de todo el aeropuerto John F. Kennedy (¡que es enorme!) con un montón de bultos y maletas. ¡Fue horrible! (¡No le pregunten a mi marido, please!) Durante la caminata a través del aeropuerto recordaba el libro de Max Lucado, Aligere su equipaje (Traveling light). Esa frase retumbaba en mi mente todo el día…
Pero lo principal que quiero compartir hoy es una reflexión que escribí hace muchos años atrás para una de las clases del Seminario.  El relato está basado en Hebreos 12:1-2 y trata sobre mi propia experiencia de lo que observaba día tras día mientras iba a caminar al parque con mi hijo mayor, que apenas tenía un año. Es uno de mis escritos que más atesoro, además de fortalecerme. Espero que sea de inspiración a tu vida.
Una joven madre apaga el televisor. Está cansada de las malas noticias.
“Tantos suicidios en lo que va del año”, “tantos casos de violencia doméstica”
“Duros enfrentamientos entre obreros y policías.”
“Advertencia de lo que podría ser un ataque terrorista.”
Es mejor apagar el televisor. Está cansada de una cultura de miedo.

Prefiere hacer lo de casi todas las tardes,
Se cambia de ropa, se pone los tenis, sienta a su pequeño en el coche,
es hora de ir a caminar.
Bajando la cuesta, observa las casas. ¡Cuántas casas diferentes!
Casas grandes, casas pequeñas.
Casas con patio, casa con perros.
Algunas con gente, y otras sin gente.
El niñito de la joven madre señala sonriente a los perros que ladran,
trata de imitarlos y quiere ir donde ellos.
Señala los aviones que ve en el cielo…

La madre observa a su niño conmovida.
¡Qué inocencia tan pura la de los niños y niñas!
Son un pedazo de Dios.
¡Con razón la gente sonríe cada vez que los ven!
¿Qué hacemos con nuestros niños y niñas?
¿Los estamos cuidando?
¿La iglesia le dedica tiempo y le permite espacio?

Envuelta en estos pensamientos,
la joven madre y el niño llegan a la esquina del parque.
Allí, en la casa de enfrente, está la señora,
Como todas las tardes, sentada en el sillón, en el balcón de su casa.
Pensando a lo mejor en lo que fueron mejores tiempos,
cuando su marido no era un veterano de guerra.

La guerra, que procura la paz y no la logra.
La guerra, que se justifica por intereses económicos.
La guerra que daña a tanta gente;
como a ese hombre que ha perdido su camino.

¡Qué triste es ver a su amado con la mente desgastada!
Actuando como un niño a veces, y otras como un adulto.
Qué triste esa carga.
¿Acaso todos no tenemos cargas? ¿Cuál es la tuya?
La joven madre empuja el coche de su bebo como una gran carga.
Está muy cansada por el trabajo del día, pero quiere seguir caminando;
quizás eso la anime.

Por fin entra en la pista, y no está sola,
hay muchos otros que caminan como ella,
que también anhelan una mejor condición física.

Están los jóvenes que no caminan, corren.
Tienen la energía, la esperanza por desarrollar un mejor cuerpo.
Están los adultos maduros que caminan ligeros y firmes.
Tienen la experiencia, conocen el camino,
pareciera que conocen hacia dónde van.
Allí está la señora que camina en la dirección contraria a los demás.
La joven madre siempre se ha preguntado por qué lo hará.
Hay una joven que camina con lo último en el ajuar de hacer ejercicios,
además de sus modernos headphones con lo último en la música.
Hay quienes caminan hablando por su celular, intentando aprovechar el tiempo,
resolver la vida en un santiamén, algo tan característicos de esta sociedad.
A veces camina una pareja agarrados de la mano,
se acompañan en su travesía, conversan al caminar.
Por último, y quizás los más importantes,
Llegan los ancianos y las ancianas.
Su paso es lento, pero seguro. Es admirable verlos caminar.

La joven madre camina en silencio,
pensando en las deudas y en sus familiares enfermos.
Su niño la mira, pues escucha su silencio.
Parece que no le gusta y le habla en su jeringonza.
¿A quién le gusta el silencio? ¿A quién le gusta el silencio de Dios?
Tenemos demasiadas preguntas, queremos demasiadas respuestas.
¿Cuáles son tus preguntas? ¿Esperas en Dios por sus respuestas?

Entonces, la joven madre contempla la pista entera.
Se da cuenta que no va para ningún lado. Sólo da vueltas en la pista.
No sólo ella, la gente también.
Compara la pista con su vida.
¿Hacia dónde voy? Se pregunta.
Posiblemente te hayas hecho la misma pregunta: ¿Hacia dónde voy?

La joven madre de detiene un momento y piensa:
“Espera un momento… sí, espera un momento.”
“Caminamos en la pista con un propósito.”
“Nos ejercitamos, bajamos unas libritas, cuidamos nuestro corazón.”
“De la misma manera, camino la vida con un propósito.”
“¿Acaso he olvidado que hubo uno que caminó este camino?”
“¿Qué lo caminó por mí primero?”

La joven madre toma nuevas fuerzas para seguir caminando.
Porque hubo una nube de testigos que caminó ese mismo camino hace mucho tiempo.
Porque hubo Uno que con su sacrificio eterno nos dejó el ejemplo.
Él sufrió más de lo que nosotros podamos sufrir.
A pesar de las malas noticias.
A pesar de nuestras cargas.
A pesar de nuestros pecados.
La invitación está abierta:
“Corramos con paciencia…”
con perseverancia y fortaleza
“la carrera que tenemos delante…”
Camínala día a día… paso a paso… con disciplina.
“puestos los ojos en Jesús…”
Él es nuestro ejemplo de resistencia.
Él nos llamó a correr. No desvíes tu mirada.

La joven madre suelta al niño, y éste corre hacia la chorrera.
La madre lo mira admirada porque el niño busca sus primeros pasos de independencia.

La joven madre contempla el atardecer.
El ocaso ha llegado, es hora de regresar a casa.
La madre y el niño salen del parque.
Doblan la esquina, ven la misma señora en el mismo sillón.
Ven las mismas casas, oyen los mismos perros,
pero el color del cielo es diferente.
Sus colores rosados, anaranjados y azulados
le dicen que otro día ha terminado.
Pero con la esperanza de que habrá un mejor mañana.
Un mañana en el que seguiremos valientemente la carrera.
Para algún día exclamar como el apóstol Pablo dijo:
“He peleado la batalla…”
“He terminado la carrera…”
“He guardado la fe…”

¿Cómo te sientes en este camino?
¿Acaso te sientes solo? ¿Acaso te sientes sola?
Mira a tu alrededor, hay muchos corriendo contigo.
Hay alguien corriendo a tu lado que no te deja.
Se llama Jesús.

Porque algún día exclamaremos como el apóstol Pablo dijo:
“He peleado la batalla…”
“He terminado la carrera…”
“He guardado la fe…”

Detente un momento.
Toma aliento… y sigue la carrera.